jueves, 12 de abril de 2007

8. Opus 21, finale abrupto ma non troppo.

Para celebrar nuestra primera Navidad con los Padres Dominicos, organizamos un Magno Recital Navideño en el Auditorio “Fra Angélico” del C.U.C., probablemente en Diciembre del ‘80, para el que decidimos comprar, entre todos, un Árbol de Navidad que diera lucimiento al Escenario… encontrándonos con la desilusión de que el mayor de los árboles vistos en el mercado, apenas era visible en el escenario… pero Eduardo Sánchez Cortázar nos sorprendió cuando, sin costo alguno, consiguió que nos fuera prestado el Árbol Navideño Promocional de una Casa de Artículos Decorativos, de unos cuatro a cinco metros de altura! (¿Exagero? probablemente un metro y medio, nada más: yo mismo le coloqué la Estrella en la punta), que adornaba el camellón de División del Norte, con todo y adornos (las esferas tenían el tamaño de balones de fútbol), mudanza y transporte incluídos… Y nuestro Recital resultó de lo más lucido (desde el momento en que hubo que ponerle los adornos al Árbol)… El año siguiente tuvimos oportunidad de visitar la no siempre hermosa Provincia mexicana, dependiendo de los caminos que uno elija: Opus 21 fue invitado a cantar en el Club de Leones de Tulancingo, Hidalgo, (¿a qué no sabían que hay Leones en Tulancingo?) a donde llegamos desde la ciudad de México vía Pachuca (era el único camino que yo, que acababa de terminar la Residencia Rotatoria en Pachuca, conocía)… Y pudimos repetir el itinerario de Voz al Viento en Puebla, ofreciendo dos Conciertos: uno en la Universidad de las Américas, y otro más en la Casa de la Cultura, en la que dejamos un Eco que perduró por lo menos hasta 8 años más tarde…

En algún momento entre estas Presentaciones y la Grabación (o probablemente antes), tuvimos, Pancho, Mario y yo contacto musical con un grupo de talentosas chicas (y otras no tanto, ni tan chicas ni tan talentosas), a quienes bautizamos como las Limoneras (ya que al cantar contorsionaban al mismo tiempo el torso y los hombros como almejas vivas de Zihuatanejo, a las que uno aplica unas gotitas de limón antes de degustarlas), egresadas del Colegio Sagrado Corazón, entre ellas Maru de Esesarte y Tere Villaseñor, para montar con miras a un concurso (que, por cierto, ganamos) una canción de José Pablo Gamba, “Amanece”… La experiencia nos señaló positivamente, en un Grupo al que no pertenecíamos, tanto nuestro propio nivel musical como instrumentistas y arreglistas, así como la posibilidad de dirección hacia otros caminos (comerciales) por los que podía transitarse en las canciones cantadas en Grupo…

El Disco promocional de Scheramex fue, por fin, grabado en un estudio sensacional, con una consola con canales al infinito (y más allá), así como otras exquisiteces, con los inconvenientes de encontrarse en los límites de la Guía Roji, por Lomas Verdes (¿Lomás lejos?), y de sólo contar con 2 fines de semana para grabar… el resultado no fue, con mucho, el esperado: entre el no sólo resignarnos a compartir lo que pensábamos iba a ser “nuestro” disco, sino incluso tener que grabar algunas canciones al alimón con los Neanderthales de las voces bravías, lo que convirtió parte de la grabación en una experiencia antropológica, a causa del sentido del gusto (a medio camino entre lo ausente y lo aberrante) de Don Productor-del-Disco, con sus semi-exigencias y pseudo-sugerencias (“…ah, cómo me gustaría que grabáramos “Camina siempre adelante” de Alberto Cortés… No importa que no la se la sepan, a mí me gusta mucho: va a sonar padre con ustedes acompañando a las voces vernáculas de mis queridos Australopitécidos…” “¿no les parece mejor que se escuchen mucho más las voces de las mujeres del Coro? Porque, para voces realmente masculinas, con las de los Procónsules tenemos…” “…oigan, qué gran idea! Mejor comenzamos “Mi Ciudad” con el fabuloso requinto del Clan del Oso Cavernario, con ese sonido justo a medio camino entre Chamín Correa y el Creedence Clearwater Revival, en lugar de ese “arreglito cursi” de shboom, shboom que tienen ustedes montado”)... bien, combinemos estos puntos con la incipiente neurosis (¿...? bien, de acuerdo, no tan incipiente) del Director de Opus 21, y tendremos que la grabación terminó tensa, dejándonos insatisfechos a todos… (Bueno, en honor a la Verdad, a casi todos: Don Productor-del-Disco y los Ancestros Pre-evolucionados estaban seguros que de llevar el Disco a Estados Unidos, podrían exitosamente competir por el Grammy!!)…

Entre el sabor amargoso que nos dejó la grabación, y el crecimiento musical que cada uno fue tomando e incorporando a su curiosidad en cuanto a la dirección del quehacer musical propio, así como la cada vez más demandante vida profesional, se inició, tristemente, la desbandada de Opus 21, y (recordando aquello de los Ciclos de Vida de los Grupos Vocacionales), Pancho formó un Grupo Vocal con un repertorio montado casi exclusivamente para interpretar Madrigales, Compás 8 y con él, fueron Miguel, Vicky, OlgaMaría y Noel, y con Alejandro se dedicó a auxiliar a su hermano Rodolfo en la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel, y en el Coro y Rondalla del Centro Universitario México, grupos de los que más tarde serían ambos, Pancho y Alex, Directores… Omar entró a dirigir la Trova del Colegio Francés del Pedregal (en donde al tiempo fue sustituido por Pancho) y poco después, el Coro de alguna institución bancaria; José Luis audicionó y entró a cantar con Los Folkloristas, Othón entraría (unas 3 décadas después) a la Escuela Nacional de Música, a estudiar para Educador Musical, mientras que el resto buscábamos adentrarnos en nuestras propias opciones profesionales, y sin mucha ceremonia, Opus 21 quedó disuelto… con una larga y enojada tristeza bajo de la piel…

Con todo y tristeza, por mi parte no quedé cruzado de brazos, y, en calidad de mientras, por alguno de los contactos influyentes de mi Madre, entré al Altillo a dirigir alguno de los Coros que cantaban en Misa, y que realmente necesitaban de ayuda (y que con todo y mi persona, siguieron necesitándola: lo que realmente les urgía era un milagro!)… Pero la inquietud de seguir cantando en grupo, y no en naufragios,
me animó a buscar formar un nuevo Grupo, y con la ayuda de algunos sobrevientes de Opus 21, entre ellos Cecilia González-Garza, su hermana Adriana, OlgaMaría García, Marcela Galland, Omar Téllez, Alfonso Sánchez-Saloma, así como personajes de nuevo ingreso a cantar conmigo: mi primo Daniel Rodríguez, quien traía el oído, la experiencia y las exigencias de quien estuvo en el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras recién salido del horno, es decir fundado por la Maestra Milla Domínguez, y en el Convivium Musicum dirigido también por Milla, un invitado de Omar, extraordinario guitarrista y flautista. y aún mejor amigo, Arturo Herrejón, quien había dirigido el Grupo Camino y el Ensamble Tercera Imagen, Mercedes Christlieb, con una cálida voz de contralto, salida del Coro del Altillo, y un amigo del trabajo de Cecilia, Víctor Zambrano, quien además trajo a su esposa Lynn… y así quedó formado el nuevo ensamble, mucho más Vocal que Coral, al que decidimos llamar ExCorde, que quiere decir “que sale del Corazón”, después de que Alfonso había tratado, tenaz, infructuosa, y gracias a Dios, temporalmente, de bautizarlo con el nombre de Concordancia

jueves, 29 de marzo de 2007

7. Las otras Voces: Opus 21 y sus atavares.

Entre 1979 y 1980, los años en que consolidamos Opus 21, tuvimos la oportunidad de ver y oír (en vivo, por supuesto!), y en algunos casos, convivir con los primeros Grupos Vocales Extranjeros que visitaban nuestro país: el Grupo Vocal Gregor, de Argentina, visitó la Facultad de Ingeniería, (y por ellos supimos del Cuarteto Zupay), pudiendo concertar la asistencia a algún ensayo con su director, Dante Andreo, y una reunión, en la que, además de escuchar por vez primera “El Romance del Enamorado y la Muerte”, Miguel de Erice se erigió en el santo patrono del aún inexistente Coro de la Universidad Panamericana: en dicha reunión, Miguel le consiguió a Horacio Cerruti, entonces integrante del quinteto, y hoy Director del Coro mencionado (y como quien no quiere la cosa, les dejo la tarea de averiguar si es también Maestro en la Facultad de Filosofía y Letras, en Estudios Latinoamericanos, o tan sólo su homónimo), la renta de un departamento con lo que pudo quedarse a radicar en México desde entonces. También en ese año, visitaron el país por segunda ocasión (habían visitado México durante los Juegos Olímpicos del ’68 …y en aquel lejano entonces, llegué a verlos por TV, entonces toda en blanco y negro!), los famosos Swingle Singers, del Reino Unido, quienes ofrecieron conciertos en la Sala Nezahualcóyotl, y en Tepotzotlán. De estos Grupos visitantes, quienes dejaron la mayor impresión, humana y musical, en todos nosotros, fueron los argentinos de Buenos Aires 8, a quienes fuimos a escuchar a TODOS sus conciertos en el Teatro de la Ciudad de México, y quienes accedieron asistir a una cena-reunión con Opus 21, en el departamento de Mario Pliego: inolvidable!! De Buenos Aires 8 es la idea original del arreglo de “Mi Ciudad”, canción que Pancho grabó clandestinamente en uno de los Conciertos (el término “pirata” todavía era exclusivamente sinónimo de “bucanero”, y carecía de las implicaciones económicas y morales que tiene en estos días), y que estuvimos escuchando y “sacando” él, OlgaMaría y yo hasta lograr convertirla en ese tiempo en uno de los grandes éxitos de Opus 21 (y ahora, en una de las canciones preferidas de nuestro Coro de Filosofía y Letras, y de quienes nos ha escuchado).

En ese mismo intenso par de años, en los Conciertos a los que asistimos tan feliz y repetidamente, y que nos fueron abriendo los oídos hacia una misma orientación, más que en la misma dirección, coincidimos (en casi todas las ocasiones) con unos cuates con la misma pasión por la misma música que nosotros, sólo que con más herramientas a la mano para realizarla, a quienes tuvimos oportunidad de escuchar poco después: Arturo González, Lourdes Ambriz y su hermano José, entre otros, quienes integraban el Ensamble 7/8: este Ensamble fue realmente el grupo Vocal mexicano PIONERO, con arreglos mucho más allá de lo folklórico: en su repertorio, tenían montadas obras de Swingle Singers, Singers Unlimited, Buenos Aires 8, y muchas otras, con arreglos “sacados” por Arturo, quien entre otras cosas, estudiaba guitarra en la Nacional de Música, y tenía un oído armónico absoluto. (Actualmente, Lourdes se ha convertido en una de las Sopranos mexicanas más cotizadas… y Pancho Sánchez-Armas, por razones familiares y de buen gusto musical, canta junto con José Ambriz y Arturo en un nuevo Ensamble, de Boca en Boca, así como con otros buenos amigos (míos, y ahora también de él) de más reciente afiliación, egresados (¿exiliados?) de Voce in Tempore como lo son Alejandra y Memo González).

Y regreso al C.U.C.: a pesar de la buena disposición del Padre “Mandrilito” (de quien por cierto, recibí información que desenmascara su verdadera identidad: Rafael Marañón), llegamos con cierta desconfianza al C.U.C: entre los malos modos recibidos de los Agustinos, en Santa Mónica, y el enterarnos que los encargados del manejo de la Parroquia Universitaria eran Sacerdotes Dominicos, quienes a pesar del tiempo transcurrido, tenían el negrísimo antecedente de seguir siendo la misma Orden que había manejado la maquinaria de la Inquisición durante un buen tiempo (¿bueno? ¿como para quién?) en épocas aún anteriores a quien esto escribe (¿suena paradójico o, por lo menos, sospechoso?), no podíamos estar cabalmente muy esperanzados; pero los Dominicos, con el Prior Oscar Mayorga a la cabeza de ellos, nos recibieron con los brazos abiertos (ignoro si en esto tuvieron algo que ver los Hermanos Zavala, y su carisma inigualable: casi siempre la dosis de simpatía que caracteriza al grupo saliente, es inversamente proporcional al entusiasmo con el que es recibido el grupo entrante), y con la experiencia de guiar la Comunidad de Estudiantes Universitarios, lo que supone un estrecho contacto con jóvenes (no pierdan de vista que las edades de los integrantes de Opus 21 fluctuaban desde los 17 de Adriana González-Garza, la más joven entre nosotros, hasta los 29 de Noel Tello, quien era el más viejo del Grupo, aunque Pancho, desde entonces, se las ingeniaba para verse un poco mayor), supieron hacernos sentir que pertenecíamos a esta Parroquia: a poco tiempo de haber llegado, nos organizaron, a modo de bienvenida, una carne asada en la azotea del Edificio del C.U.C., y nos enviaron a un Retiro en Aguaviva, por el rumbo de Amecameca, al pie de los Volcanes, para que tuviéramos bien ubicada nuestra función como Coro, dentro del ritual de la Misa (a esta función, ellos le llamaban Ministerio, como si de algún departamento del Gobierno se tratara: nosotros nos sentíamos muy bien tratados e importantes).

Poco tiempo antes de la mudanza de Iglesia, vivimos nuestras primeras experiencias corales “laicas” (es decir, fuera de la Misa)… Una fue la grabación de un “jingle” (música cantada para un comercial en la Radio del sorteo de Pronósticos Deportivos) compuesto por Mario Pliego, e interpretado por Opus 21, junto con algunos colados, en una muestra del delicado nepotismo del compositor (¿…todos en el mejor, mejor, mejor equipo…?). En cuanto a Presentaciones, una muy agradable experiencia correspondió a nuestra primera salida a la provincia mexicana: casi fue convertida en una gira a “La Tiznada” (que así se llamaba el Rancho donde yo vivía en Tolcayucan, Hgo., mientras cumplía con la Residencia Rotatoria), ya que nos quedaba de paso para cantar en la Universidad Autónoma (¿o era Autóctona?) de Hidalgo, en Pachuca, donde nos tomamos nuestras primeras Fotografías Oficiales como Coro… y la segunda, fue el inicio de una tradición (cortita, pero tradición): nuestras presentaciones en el Centro Libanés. Iniciado el contacto con las Autoridades Culturales del Club por el papá de Vicky Domínguez, quien era socio del Centro Libanés, nos arreglamos para organizar nuestro primer Recital, más o menos en forma, en el Salón Baalbek del mencionado Centro. Ya para ese momento, a nuestro Repertorio de Concierto, habíamos agregado, una versión vocal de “Yesterday” de Lennon y McCartney, así como la pequeña muestra comercial de la que hablé anteriormente: el anuncio de “Pronósticos Deportivos” (¡ya nos habíamos escuchado en la Radio!), “Te Quiero” de Mario Benedetti y Alberto Favero, “Quién te Cantará” de Juan Carlos Calderón, así como una ambiciosa versión tomada de Swingle Singers del “Aria para la Cuerda de Sol”, de la Suite en Re, de Johann Sebastian Bach; la Presentación estuvo seguida de una exquisita cena ofrecida para el Coro, con todo y reportaje en el periódico (“Homenaje a Guadalupe Trigo en el Centro Libanés” (¿?) rezaba el titular). La “confusión” periodística provino de la suma aleatoria de los hechos, inconexos entre sí, que Viola Trigo (recién enviudada) asistiera al Recital (yo, hasta la fecha, desconozco cómo fue que llegó, quién fue el que la invitó, y si es que no llegó allí por equivocación) y que el Recital fuera cerrado con la pieza “Mi Ciudad”, para entonces ya toda una interpretación! El tercer hecho que sumó esfuerzos a la nota del periódico fue que el aplauso más fuerte se lo llevó, indudablemente, la viuda del compositor… que, como toda Diva, no sólo hizo saber al respetable de su presencia, sino que sencilla y llanamente, la impuso…! (los integrantes del Coro a duras penas pudimos colarnos en la Cena preparada en nuestro honor)….

Durante nuestro tercer año de vida Coral, se llevó a cabo el Primer (y después, cuando quisimos volver a participar en algún otro, nos dimos cuenta que “Único”) Festival Universitario de Música Popular, organizado por la U.N.A.M., y Pancho, con sus artes de nigromante, logró colarnos, de alguna manera… y Opus 21 fue programado para dar 2 Recitales, uno en la Casa del Lago, en Chapultepec (por supuesto, en la parte que no está hundida) y el otro, ¡en la Sala Carlos Chávez, del Centro Cultural Universitario! Nuestro problema era que uno los requisitos de participación, era contar con un repertorio de Canciones en Español, y preferentemente Mexicanas (“…no música de comerciales…” nos señalaron), y entre lo que nos gustaba cantar por entonces, figuraba un poutpourri con temas de Glenn Miller, “California Dreamin’s” de the Mamas & the Papas, “Wichita Lineman”, de Jimmy Webb, y “Got to Get You into my Life” de Lennon y McCartney, por lo que tuvimos que actualizar para voces mixtas, las versiones que yo tenía (medias perdidas en la memoria) de la “Bola Suriana a la Muerte de Emiliano Zapata” y de “El Corralero”, canciones heredadas de Voz al Viento y de la Ronda, respectivamente, que montadas en la nueva perspectiva de las voces mixtas, adquirieron otra belleza, ciertamente, más madura…

Esta nueva belleza, sin embargo, no pudo ser lucida a todo su esplendor cuando, a proposición del entonces Jefe de Martha de la Paz, quien trabajaba para la Compañía Farmacéutica Scheramex, y era un entusiasta admirador (nunca supimos a bien si era más admirador de Martha que del Coro) aceptamos, igualmente entusiasmados, grabar un Disco Promocional de la mencionada empresa… ¿Se lo pueden imaginar? ¡Que una Empresa te proponga pagarte las horas necesarias en un Estudio Profesional, sin ponerte límites ni condiciones (eso pensamos en principio) para grabar un disco con tu Grupo! Ciertamente, era demasiada belleza para ser verdad. Acostumbrados como estábamos, a hacer la Música que nos gustaba, y del modo que nos gustaba, el primer balde de agua fría nos cayó al enterarnos que el Disco iba a ser grabado en forma compartida, con un Grupo vernáculo de descendientes del Hombre de Tepexpan (que el mentado Jefe-de-Martha, convertido en Don Productor-del-Disco, conocía de alguna de sus expediciones al Tlalocan, en alguna cantina de mala muerte de las que seguro acostumbraba frecuentar) que cantaban Feo, pero Fuerte, eso sí, nos decían, “con mucho sentimiento…” Esto, por supuesto, nos los tenían que decir y explicar, ya que, para algunos de nosotros (mi propia persona específicamente), comprender el sentimiento expresado en esas circunstancias, se nos dificulta sobremanera cuando lo desgañitado de las voces impide distinguir la letra de lo que se está cantando de otros sonidos orgánicos, no todos ellos lenguaje… Y aunque estoy seguro que la tribu de tales personajes debió haber tenido algún apelativo (otro diferente del que en latín permite a los científicos reconocerlos y clasificarlos), hecho que, en atención al rigor de lo que estoy contando, me gustaría recordar, para que el nombre que identificaba a la caterva de procónsules constara en el registro de mi narración, parece ser, que por mi salud mental, tengo borrado el nombre artístico de quienes bien hubieran podido haber sido “Los Hijos de Puk y Suk: la generación que comenzó a usar zapato” (uno, cualquiera indistintamente, el derecho o el izquierdo).

martes, 20 de marzo de 2007

6. Las Voces del “Espíritu”: Opus 21 y sus inicios.

Entre el final, ciertamente triste, ciertamente enfadoso, de Voz al Viento, y la no-tan-descabellada proposición aquella de mi hermano, de formar un Coro que cantara en la Misa de los domingos, casi no hubo ningún compás de espera: de hecho, cuando el Coro comenzó a cantar en la Iglesia de Santa Mónica, en la colonia del Valle, en la Misa dominical (¿era la Misa de las once y media?), estaban integradas en él las cinco cantantes de Voz al Viento, pero tres de ellas, pronto, o bien consideraron cubierta su cuota en cuanto a rituales religiosos, o sintieron un poco demasiado difícil el cumplir con el compromiso de cantar en dos Grupos Musicales al mismo tiempo… y Sabina, Elsa y Lourdes tomaron la decisión de no continuar en el Coro de la Misa... para entonces, el Coro, aún sin nombre hasta ese momento, había alcanzado el número de 21 integrantes (por lo menos, esos fueron los que alcanzamos a contar), de diferentes, pero cercanos “orígenes musicales”: de Voz al Viento, permanecieron Marcela Galland y Vicky Domínguez, quien trajo a cantar a su prima Marifer Arancón; de la Ronda, quedamos incluídos Omar Téllez, Miguel de Erice, ambos “asociados” activos de Voz al Viento, Luis Barbabosa, con su inverosímil talismán que le servía para atraer accidentes (continuos e inverosímiles) sobre su cabeza y el resto de su anatomía, José Luis Gómez, y su envidiable timbre de voz, Noel Tello, quien invitó a su novia Olga María García, poseedora de una voz extraordinaria (pronto se convertiría en la Voz Solista del Coro), Mario Pliego, cuyo talento al piano era sólo equiparable con su personalidad, y su hermana Beatriz, egresada de la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel (y a quien le estoy sumamente agradecido por no haberse casado conmigo, y un poco más por el hecho de no cobrarme pensión, después de un noviazgo de seis años), Carlos Galindo, mi hermano, y su novia de entonces, Laura Marcela Pérez Sallycrup (¿así se escribe?), Alfonso Sánchez Saloma, ya para entonces digno de una Emperatriz, Fabián de la Paz, quien se había iniciado en la Ronda como “mascota”, ahora ya más crecidito, con una magnífica voz de tenor, y sus dos hermanas, Laura y Martha; de la Trova del Colegio Francés del Pedregal, entró a cantar con nosotros Pilar Farrés (de quien creo debe estar sumamente agradecida conmigo, por no haberme casado con ella); de la Tuna Barroca, se nos incorporó Pancho Sánchez-Armas, quien llegó con su hermano, Alejandro, siempre entusiasta; Miguel, en esa actitud generosa que desde siempre lo ha caracterizado, ya estudiando en la Universidad Panamericana, invitó a que se nos uniera en el Coro, a una compañera suya, Cecilia González-Garza (quien, estoy seguro, me habría agradecido el no haberme casado con ella: unos años después, llevó sucesivamente los títulos de Novia, Esposa, Madre de mis Hijas, y ExEsposa, en dos ocasiones, del de la Voz), quien se integró al Coro, reforzándolo junto con su alegría y sus 2 hermanas: Cristina y Adriana, siendo las tres exintegrantes de la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel, … ah, y se me olvidaba, pero me acordé al ver una fotografía vieja: Eduardo Sánchez Cortázar, a quien, no obstante sus antecedentes personales patológicos, particularmente el de haber cantado en la Tuna de los Juglares (un grupo paralelo y equivalente a la Ronda, sólo que algo así como en el extraño mundo bizarro descrito en la revista “Supermán”, pero formado por entrañables Amigos, salidos del Coro y Rondalla del C.U.M.), le fue permitido el ingreso al nuevo Coro… Si hacemos números, verán que los nombres anotados suman más de veintiuno… pero esta discrepancia numérica, que no tiene la menor importancia, se debe a que, durante la vida artística del Coro, ni todos los mencionados lo iniciaron, ni todos permanecieron participando en él: más de un integrante, se desintegró, por así decirlo, y por otra parte, hubo valientes e imprudentes (casi siempre es imposible distinguir, de entrada, unos de otros) que solicitaron, y consiguieron ser admitidos: entre nuestras últimas adquisiciones estuvieron Othón Téllez, el hermano menor (y no del todo domesticado) de Omar (mismo apellido), y Eduardo Robles, nuevo pianista (y hoy en día, Promotor incansable, a nivel nacional, de la Educación Musical)…

(Quiero abrir aquí un paréntesis a manera de advertencia, para que no esperen detalles de las vidas sentimentales y amorosas de los Integrantes del Coro, más allá de lo que acaban de leer y pueden inferir… no planeo, por el momento, escribir una letra más al respecto, a menos, claro está, que se me hiciera una oferta (generosa) por los derechos de autor, para llevar lo escrito a la pantalla, grande o chica… bien, paréntesis abierto, y ahora cerrado).

Al poco tiempo de nuestro debut en Santa Mónica, fuimos invitados a participar en un Festival de Coros (de Misa) en la Iglesia de la Santa Cruz, en el Pedregal. Como requisito, había que registrarse con un nombre artístico, y Noel Tello, dando cumplimiento a las funciones que desempeñaba como Vocero y Administrador del Coro, lo bautizó Voces y Espíritu, demostrando una vez más que la facilidad de palabra no está reñida con la cursilería… pero, a pesar del nombre, hicimos un muy buen papel en el Festival, y creo que fue allí, donde se manifestó descaradamente en todos nosotros la inquietud de cantar, no sólo para las Misas, sino fuera de la Iglesia, con un Repertorio que nos permitiera ofrecer, algún día, un Recital . Esta inquietud venía dándonos vuelta con anterioridad, debido a las diversas invitaciones (y contrataciones) que nos eran ofrecidas y solicitadas para cantar en Bodas (así como en otras Misas en la Provincia, siempre que consideremos que Tehuixtla y Cuernavaca entran en la definición de “provincia”), ya que, en muchas de estas Contrataciones, nos solicitaban que montásemos para ciertos momentos de la celebración religiosa, canciones no litúrgicas (a las que despojábamos de la letra, para no generar en los feligreses pensamientos impropios, sin relación con lo que estaba ocurriendo en el Altar), y así llegaron a nuestro Repertorio “Un nuevo Sitio”, de la Comedia Musical “El Diluvio que Viene“, “Aquellas Pequeñas Cosas” de Joan Manuel Serrat, “Quién te Cantará” de Juan Carlos Calderón, “Tiempo de Vivir” de Georges Moustaki, así como nuestra inolvidable “En el Trino del Ave”, de Lozano, etc… y para la época de Navidad, cambiábamos la Misa de Juventud “Hossana” (compuesta para los Jesuitas por uno de los “Pianos Barrocos”, y que era la que cantábamos) por canciones navideñas del repertorio de Ray Conniff, cuyas letras habían sido adaptadas al castellano por Pancho Sánchez-Armas y su hermano Rodolfo.. Y sobra decir, que la Misa en la que cantábamos, era de las más taquilleras de la Parroquia…

Pero no todo era miel sobre hojuelas: los Padres Agustinos, quienes tenían a su cargo la Iglesia de Santa Mónica, por alguna razón que a la fecha desconozco, no veían con buenos ojos la popularidad del Coro… ni que nos aplaudieran al final de cada Misa… y su trato hacia nosotros cambió brusca y radicalmente, generándonos malestar y mucho descontento en nuestra participación allí (y como empleadas de servicio doméstico, ya “no nos hallábamos” en esa Iglesia), de modo que, cuando Noel y OlgaMaría nos contaron que un Sacerdote (a falta de recordar su nombre, dejo constancia de su apodo, el “Mandrilito”) de la Parroquia Universitaria, en el Centro Universitario Cultural, el C.U.C., les comentó que el Coro que actualmente participaba en la Misa de las once (el de los Hermanos Zavala, ni más ni menos!) dejaría de hacerlo y finalizaba su temporada en el C.U.C., y necesitaban un Coro para la Parroquia Universitaria, supimos que teníamos una nueva casa… y un nuevo nombre, ya que para ese momento, el Coro había sido rebautizado (gracias a Dios!), por Pancho, quien sugirió el nuevo nombre de Opus 21.

lunes, 19 de marzo de 2007

5. La herencia del “Espíritu“ de la Ronda: Voz al Viento

Los motivos que causaron la disolución de la Ronda se resumen, finalmente, en el crecimiento profesional y personal de cada uno de sus integrantes (se nos aparecía, casi de golpe, y de un modo incipientemente adulto, la Vida): unos saldrían hacia el extranjero, a buscar hacer Maestrías y Doctorados, algunos más en Provincia, y yo, por mi parte, tenía que cumplir mi año de Internado de Pregrado en la Ciudad de Cuernavaca… Los Grupos Vocacionales (donde uno canta y toca, simplemente por el gusto de hacerlo, contrariamente a los Profesionales, donde uno canta y toca, por dinero, independientemente del gusto) tienen Ciclos de Vida, y era evidente que nosotros estábamos cerrando el nuestro. Me parece importante apuntar a un acontecimiento que tuvo lugar unos 6 meses antes de nuestro Concierto de Despedida: un nuevo Amigo pidió ser admitido a cantar con nosotros, a sabiendas de, que a corto plazo, nuestro Grupo no tendría futuro alguno… A mi modo de ver, el que alguien solicitara ser admitido sólo por 6 meses, me parecía una pérdida absoluta de tiempo (por no hablar de la cordura), pero mi hermano, justamente, nos hizo ver (¿creer?), que de todos los que en ese momento integrábamos nuestro querido Grupo Musical, el único que entonces tenía posibilidades de tener cierto futuro en la Música (aunque no fuera su actividad primordial) era este muchacho, Claudio Márquez, que, junto con Adolfo Prieto dirigía la Estudiantina y el Coro del Instituto Scifi…(conocido, en broma de mal gusto, como el Coro de las "Scifilíticas") y que si queríamos que el "espíritu" que nos animaba en la Ronda, dejase alguna huella a cierta posteridad, era primordial que admitiéramos en nuestro seno (por más extraño que esto suene), a alguien que tuviera la posibilidad, por así decirlo, de tener "descendencia" en el sentido musical… El argumento, finalmente, carecía de sustento real, pero era tan poético que poseía una magia que a todos cautivó (y convenció: Claudio entró al Grupo para cantar en una sola ocasión, en el Alcázar del Castillo)… Al paso de estos años, no deja de hacerme gracia recordar la anécdota y cuál fue el desenlace: Claudio, al poco tiempo, abandonó su vocación de dirigir Estudiantinas y Coros, y emigró al extranjero para dedicarse a sus negocios, pero regresó en el Aniversario de nuestro Recital, veinte años después, para encargarse de reunirnos nuevamente! (… y no para cantar, sino a conversar, vernos, recordar, añorar, beber … en fin, hacer esas cosas que los amigos hacen cuando se juntan después de tanto tiempo)… Y como corolario, sepan que pasó con la "magia" del argumento: mi hermano, cuando fue invitado a la reunión mencionada, no podía recordar siquiera que hubiera habido algún “Claudio“ cantando con nosotros en la Ronda, y mucho menos, que él hubiera sido su principal defensor!

… finalmente, ¿Cuál fue el Destino del "Espíritu" de la Ronda? Su huella nos marcó a casi todos los que por ella pasamos: mi hermano Carlos, en Canadá, se integró a un Grupo Folklórico con el que grabó 2 CD’s, uno de los cuales ganó el equivalente canadiense del Grammy… Miguel y Alfonso estudiaron, paralelamente a sus carreras de Derecho, Flauta transversa el uno, y Guitarra Flamenca el otro… José Luis grabó un CD con su voz extraordinaria, después de haber sido integrante de Los Folkloristas… Omar, cuando terminó su Maestría en Agroecosistemas en Chapingo, se dedicó a la Enseñanza de la Música, en Monterrey… Vicente Olguín se dedicó a la práctica de la Ginecología y Obstetricia... casi todos, después de la Ronda, no quisimos (ni pudimos) quedarnos con la inquietud entre las manos y el corazón, y buscamos y conseguimos o creamos las oportunidades de seguir manteniendo viva esta absurda pasión de cantar en Grupo … y lo cierto es que el dichoso "espíritu" anidó, de manera más o menos consolidada, en todos nosotros...pero en mi personal punto de vista (al fin de cuentas, soy yo quien escribe estas letras), de manera contundente, me gusta la afirmación de que el que mantuvo, quien conservó, y musicalmente “tuvo descendencia” a quienes dejarles la esencia de buena parte de ese Espíritu de la Ronda, fui… yo (¿quién más?)… y en el afán de que no se sientan ajenos a esta Historia, sepan que se los estoy transmitiendo a Ustedes, Coralistas de Filosofía y Letras.


Un poco en el destanteo de, por primera vez en muchos años, no estar integrado cantando en ningún Grupo, y un mucho con inquietud (más bien, la franca calentura) de montar y escuchar mis arreglos (“sacados” de Grupos Vocales Sudamericanos como Los Cuatro Cuartos, y Las Cuatro Brujas, chilenos, las Voces Blancas, el Grupo Vocal Argentino, argentinos, El Quinteto Contrapunto, venezolano, etc.) les expuse a mis amigos, los hermanos Rodolfo y Francisco “Pancho” Sánchez-Armas, quienes dirigían a la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel, la posibilidad de explotar el potencial Vocal de la Estudiantina, con un arreglo a la canción de las Cuatro Brujas, llamada “Corazones Partidos” (¿les suena el nombre?) y amablemente me permitieron montar la Canción y dirigirla (la única vez que la cantaron) en una de sus Presentaciones… Durante el descanso de uno de los ensayos, escuché a cuatro chicas de 3° de Secundaria, que se acompañaban con sus guitarras, con voces realmente privilegiadas, cantando a 2 voces, muy bien acopladas… como quien no quiere la cosa, les ofrecí mi ayuda (que yo consideraba ya casi “profesional”) con algunos arreglos musicales, así como con un poco de dirección, por “...si acaso se les ofrecía”… La sorpresa fue que “sí se les ofreció”… y en unas cuantas semanas, ya integradas en un quinteto, con el nombre de Voz al Viento, estas muchachas, Vicky Domínguez, Elsa Montfort, Sabina Bolaños-Cacho, Marcela Galland, Lourdes Penella (ésta última, por cierto, actualmente es Maestra de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras) y un servidor estábamos ensayando todos los sábados por la tarde, Música Vocal Latinoamericana, tomada de los grupos vocales que les mencioné anteriormente, pero fundamentalmente de Las Cuatro Brujas (canciones de un género que entonces dio en llamarse Neofolklore); anoté Quinteto, porque yo no cantaba: sólo hacía los arreglos, montaba las canciones, llevaba y traía a las participantes de ensayos a presentaciones, me encargaba de la dirección del Grupo, así como las Relaciones Públicas, y conseguía y promovía las Presentaciones, ayudado, de manera generosísima, por mis amigos omnipresentes: los Migueles, de Erice y Tomasena, Omar, Luis Barbabosa, Pancho, Alfonso, y por supuesto, mi hermano Carlos… aunque debo decir en cuanto a la ayuda de mis amigos, que no toda era gratuita, por lo menos, no de manera intencional: de estas “colaboraciones”, resultaron más de un noviazgo, y por lo menos, un matrimonio!

De las más memorables (hablo de las Presentaciones, no de las “colaboraciones”) fueron las siguientes: un par de Conciertos en Puebla: en la Universidad de las Américas, y en la Casa de la Cultura en el Centro de la Ciudad, un Recital a Beneficio de las Promotoras Voluntarias del Instituto Nacional de Enfermedades Pulmonares (aquel Hospital en Tlalpan donde ustedes cantaron para los enfermos el pasado diciembre), que tuvo lugar en el Auditorio “Adrián Gilbert“, de la Universidad La Salle (donde también se han presentado ustedes en los Festivales Corales de La Salle), y otra fue en la Peña “El Mesón de la Guitarra”, donde fuimos escuchados (y criticados muy positivamente, quiero pensar) por Los Cantores de América, el primer Grupo Vocal Mexicano. En la Sala Chopin, alternamos con un grupo peculiar, con sonidos mezclados de trova, jazz y bossa-nova, Tercera Imagen, en donde participaban Omar Téllez, Héctor Chuliá, y el entrañable (y muy extrañado) Arturo Herrejón. El Hospital del I.M.S.S. en Cuernavaca, y el Canal Once también nos abrieron las puertas para presentarnos en sus Foros, y la Conductora del programa de Canal Once nos invitó a hacer una grabación con las canciones (de su autoría) para una obra de Teatro Infantil… por cierto, si bien la experiencia del estudio valió la pena, las canciones resultaron completamente olvidables e intrascendentes…

Lo que de ninguna manera resultó intrascendente, ocurrió de manera casi fortuita: a través del Voluntariado en el que mi Madre participaba, entre las integrantes de Voz al Viento y los “asociados”, vamos a decirles así, organizamos una Posada en un Reclusorio para Mujeres Jóvenes, por el rumbo de Coyoacán… para amenizar la Posada, además de la Presentación de Voz al Viento, montamos, un poco al vapor, con los “Asociados” otras canciones que no sonaron nada mal… para ser la primera vez que yo trabajaba musicalmente con Voces Mixtas… Y nuevamente fue ocurrencia de mi hermano, que en ese entonces transitaba entre la Ciencia y la Mística, la idea de formar entre todos nosotros un Coro que cantase en la Misa dominical (y me parece que aún lo oigo: “…todos somos católicos, ¿no?, todos vamos a Misa, y a todos nos gusta cantar… ergo, ¿porqué no formamos un Coro que cante en Misa?”)… una vez más, a pesar del evidente sofisma incluido en su propuesta, caímos (lo que a fin de cuentas, no resultó para nada negativo) y formamos un Coro de voces mixtas… Y nuevamente, con el paso del tiempo, la anécdota y lo que después ocurrió con ella, me hacen sonreír: mi hermano Carlos, antes de un año, prácticamente sin haber podido disfrutar del nuevo Coro, salió del país para dedicarse de lleno a su Maestría y Doctorado en Canadá (…y aunque comentó “…no me tardo más que un momentito…” se quedó por allá más tiempo del que en un inicio se planteó: le tomó cerca de veinticinco años el regresar a México); y en cuanto a su Misticismo, ocurrió que mientras preparaba su Tesis de Doctorado, supo de la Filosofía de la Ciencia, y se convirtió al Agnosticismo.

Voz al Viento fue el primer Grupo en el que se me dio la oportunidad de ser partícipe, dirigiendo, sin participar cantando, y siendo tan pequeño, no había necesidad de dirigir en el Escenario (hubiera sido ridículo): tenía un hermoso sonido, y el acoplamiento de las voces lograba un empaste sensacional: por supuesto, esto tenía que ver, no sólo con la calidad vocal de las chicas que lo conformaban y con el entusiasmo con el que participaban… también tenía que ver con la edad de las integrantes, y con el tiempo que, en esas edades, se le puede dedicar a hacer lo que nos gusta: Vicky, Marcela, Sabina, Lourdes y Elsa sólo tenían conmigo un ensayo a la semana, pero entre ellas, se juntaban a ensayar, ¡casi durante cada recreo, de lunes a viernes! Pero como paradoja, a la luz de mis recuerdos, también fue la edad de las Integrantes, la principal causa de la disolución de Voz al Viento: en la inmadurez propia de la edad, perdieron (no todas) un poco el suelo (no todo), y se dejaron envanecer por los “éxitos” cosechados: y fui yo quien se retiró del Grupo, condenándolo con ello a un tiempo más corto de vida artística, ya que al no haber quien preparase los arreglos de las canciones (entre las otras múltiples funciones mencionadas) que eran la firma musical del Grupo, éste se vio impedido para continuar funcionando, y se forzó a cerrar su ciclo.

viernes, 16 de marzo de 2007

4. La pasión por cantar: la Tuna, la Ronda y los Amigos.

Mientras tanto, en la Tuna Barroca de la Ciudad de México, las relaciones interpersonales no iban muy bien, particularmente entre los dos singulares Personajes que se disputaban tanto el Liderazgo del Grupo como a la misma novia, (que por cierto, terminó casándose con otro más de los Integrantes de la Tuna! Claramente, nadie sabe para quien trabaja...): entre el carismático y ególatra Solista, y el Director, el Hombre que “nunca-se-equivoca”, surgió una pugna difícil de resolver… que sólo terminó cuando el primero decidió salirse de la Tuna, y formar su propio Grupo, invitando a los integrantes que quisieran seguirle, así como a algunos otros amigos en común de todos nosotros (alguno de ellos reclutado, casi de manera escatológica, mientras cantaba en un baño público)... Este nuevo Grupo, llamado La Ronda, integró un Repertorio de Música Española (música de tipo Estudiantina), conjuntamente con canciones Latinoamericanas… y arregladas para 3, 4 y a veces cinco voces (por desgracia, no siempre todas en el mismo tono…), pero siempre dispuestas a procurar el lucimiento, ante todo, del director-solista (funciones éstas ahora integradas, por aquello de economizar, todas en una sola persona...).

¿Y dónde quedé yo? Por supuesto, en los 2 grupos!! Y mientras en la Tuna seguía yo tocando el Contrabajo, y cantando la voz de Bajo, (bajito, desde chiquito, eh?), en la Ronda hacía los arreglos de las cuerdas (bandurria, mandolina y laúd), teniendo serios connatos de conflicto con Mario Pliego, el Acordeonista, quien con un simple abrir del fuelle de su instrumento, nos convertía en objetos de ornato en el escenario. El curso de la vida siguió, y la Tuna finalmente, un año después, cerró su ciclo, sin negarme el regalo de más amigos, que a la fecha conservo, y que he compartido, en la medida de mis posibilidades, con ustedes: Héctor Chuliá, quien amablemente nos ha prestado, durante el tiempo que lo hemos necesitado, un Salón de Juntas (acondicionado como salón de Ensayos) en la colonia Tlacopac, en San Angel Inn (¿recuerdan?), y Pancho Sánchez-Armas, quien nos ha acompañado con el contrabajo y su gentileza en la canción “Mi Ciudad”…

Al tiempo que participaba en la Ronda, en mis tiempos libres (estaba yo iniciando la Carrera de Médico Cirujano), fungía como Asistente de Dirección en la Trova del Colegio Francés del Pedregal, donde trabajé durante 4 años, siendo el Director Javier Díaz (aquel carismático y ególatra Solista, del que ya les había mencionado algo, y que también nos dirigía en la Ronda, grupo que, por otra parte, en ese entonces podía haber sido llamado el Combo Musical de Javier y sus Comparsas)… y creo importantísimo mencionarles todo esto, ya que, en la Trova, además de ir haciendo mis pininos en cuanto a Arreglos y Dirección se refieren, conocí a Leonora Sisto, mi compañera desde hace ya 9 años (… en ese entonces, Ella tenía doce…! y seguro que yo era un poco más joven también…).


(Paréntesis para Fe de erratas al párrafo anterior: en donde dice “en mis tiempos libres (estaba yo iniciando la Carrera de Médico Cirujano)”, debe decir: “en mis tiempos libres estaba yo iniciando la Carrera de Médico Cirujano”.)

Con la Ronda, tuvimos experiencias musicales variadísimas, algunas memorables, pero no todas ellas dignificantes: como a Javier se le metió en la cabeza la idea (más bien, la obsesión) de grabar un disco, pero no contábamos con un patrocinador, durante cerca de dos años, nos consiguió un sinnúmero de Presentaciones (“huesitos”) en los que cobrábamos alguna cantidad de dinero, que se iba al Fondo Común de Ahorro para la Grabación del susodicho Disco; estos “huesitos” oscilaron entre los límites de lo inverosímil a lo francamente indigno: desde que, en alguna ocasión, fuimos el número musical después del Acto del Elefante de un Circo en la Arena México (¡de verdad!), hasta cantar entre la estantería de los departamentos de Vinos y Licores, Abarrotes y Jarciería de la “Comercial Mexicana” para amenizarles las compras a los clientes … Para cuando salió nuestro ansiado (y muy trabajado) disco, el resultado no fue, con mucho, el que esperábamos: la mezcla final y la ecualización de sonido (el “transfer”) fue llevado a cabo por Javier, el Director (¿había mencionado ya que su espíritu ególatra era sólo comparable con su delirio de grandeza?), y por supuesto, el disco sonaba exacta, y casi exclusivamente, a él (… y al fondo, muy al fondo, si ponías atención, podías por momentos escuchar a sus comparsas, a los que, por lo menos, generosamente nos permitió aparecer con él, no tan borrosos, en la foto de la portada).

Después de 2 años, Javier decidió separarse de la Ronda, debido a que, después del resultado del disco, sus “comparsas” cada vez lo éramos menos, y nos oponíamos con mayor firmeza a sus sugerencias, incluídas las estrictamente musicales… y al dejar el Grupo, de seguro se preguntarán quién quedaba como el Candidato ideal para seguir con la Dirección Musical… pero como no quiero quedarme con la duda de si se preguntaron o no, de una vez les digo: me quedé Yo como el Director Musical de estos Amigos, que, ahora sí, se comenzaban a escuchar, ciertamente y por primera vez, como un Grupo, como un Ensamble equilibrado y nivelado entre las voces que lo componían, y con un nivel casi ideal de funcionalidad de cada uno de nosotros. Esta funcionalidad permitía que la Amistad que nos unía, se extendiera desbordada hacia fuera del Grupo estrictamente musical: cada Presentación casi siempre era una Celebración, junto con los amigos (y amigas, muy importante!) que nos seguían a donde cantáramos (y adonde festejásemos). Con la oportunidad de dirigir a la Ronda, llegó también la de practicar mis primeros arreglos que fueron, por supuesto, basados en canciones que interpretaban Los Cuatro Cuartos, y no eran ni siquiera escritos: me ponía a escuchar la canción que pretendíamos montar, e iba “sacando” en el piano las líneas melódicas de las diferentes cuerdas (...el momento aquel de no poder distinguir 2 voces había sido definitivamente superado!), y las iba cantando a los integrantes, mientras que ellos se la iban aprendiendo… simplemente así, sin partituras, sin solfeo, sólo entusiasmo, memoria y mucho corazón …
La mejor herencia que la Ronda me dejó por una parte, una vez más fue el regalo de mis Amigos: algunos situados más en la circunstancia (por lo que fue como un legado que se dilapidó rápidamente), como Carlos Blando, Vicente Olguín o el mismo Javier Díaz; y los más colocados en la esencia: mi Hermano Carlos, que cantaba nuevamente con nosotros (nunca fue requerido en la Tuna Barroca), Alfonso Sánchez-Saloma, en ese entonces apenas digno de una Princesa (a quien recuerdan como el 2° guitarrista en “Mi Ciudad”), Miguel de Erice (a quien han escuchado en el CD que recién grabamos), Omar Téllez, que vive en Monterrey, y a quien todavía puedo ver un par de veces al año, cuando viaja a México… y otros más, como Miguel Tomasena, con quienes no he perdido del todo el contacto; y por otra, los gratísimos recuerdos de nuestra Gira a Guanajuato, al Teatro Juárez y a callejonear, así como de un Recital Inolvidable, el de Despedida del Grupo (disuelto por acuerdo común) en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, el 10 de septiembre de 1977. ¡Quién iba a decirme que justamente 29 años después, en el mismo lugar, volvería a presentarme, ahora con nuestro Coro de Filosofía y Letras!

3. El inicio del Orden Coral: la Rondalla!!

Para finales de 3° de Secundaria, entre los 13 y 14 años de edad, nos juntábamos 3 o cuatro amigos a tocar la guitarra y, por fin, empezamos a animarnos a cantar... Música de Serenata, (ojo: no boleros!), canciones de los Beatles, y de un joven cantante español, con cosas medio extrañas, que tenía un par de canciones no muy pegajosas, pero que nos gustaban: Joan Manuel Serrat... A las serenatas, nos llevaba en su coche, la hermana mayor (¡oh, piel dulce de 19 años!) de uno de estos amigos, de quien estábamos TODOS enamorados platónicamente, en un secreto a voces (de la hermana, no del amigo...). Éramos un grupo inocente, ninguno de nosotros bebía, y sólo dos de los amigos (y la hermana) fumaban, con mucha discreción, sin que los papás de las casas donde nos reuníamos lo supieran…. La mayor parte de nuestro repertorio, la cantábamos a una sola voz, pero con ya con arreglos para 2 y tres guitarras.

En 1° de Preparatoria, llegó la oportunidad de ingresar al Coro y Rondalla del Centro Universitario México, que para nuestro nivel, no sólo tenía cierto prestigio: era sencillamente, LA RONDALLA...! y por supuesto, todos hicimos nuestra audición: a la fecha aún recuerdo, la emoción (que, como el miedo, me entró también por el vientre) que sentí la primera vez que cantamos en el Auditorio , unos 50 chavos de Preparatoria, a 2 voces, para audicionar como Coralistas: todos los amigos entramos, por supuesto... La audición para Guitarrista fue más difícil, puesto que uno de los 2 Directores de la Rondalla (de quien ya les he compartido alguna anécdota, el famoso Hombre que “nunca-se-equivoca”) era quien decidía quien entraba y era sumamente exigente (y esto es realmente un eufemismo...), y bien, no sólo no tuve problema para entrar como Guitarrista, sino que fui llamado por este personaje, que además, era el Director de la Estudiantina del Instituto Miguel Angel, a grabar, junto con Jorge Ruiz y Rodolfo Sánchez-Armas, como Guitarristas Invitados, el primer disco de la Estudiantina! (y por supuesto, el primero en el que yo intervenía!). Este Director, Alfredo Ulloa, de carrera Médico Cirujano, y notable Pianista, me dejó honda huella en cuanto a la sensibilidad de la interpretación de la Música, al enseñarme (bueno, a dejar que yo aprendiera suena más exacto) a compaginar arreglo, melodía y letra para impactar sensiblemente al Público que nos escuchaba (así como a los coralistas que estábamos interpretando la canción), y tengo la esperanza que lo conozcan próximamente: se comprometió a acompañarnos en alguna futura presentación del Coro de Filosofía, la canción “Felicidad”, como Pianista, ya que mi arreglo está basado enteramente en el que él montó con el Coro y Rondalla (allá por 1972)….

De lo mejor que el Coro y Rondalla, en el que participé mis 3 años de Preparatoria, me ofreció, fueron algunos de los mejores amigos que he tenido (y sigo teniendo) en la Vida... entre ellos, mi propio Hermano, Carlos, a quien ustedes ya conocen, que entró a la Agrupación dos años después (...es dos años más chico que yo, por lo que es lógico que no haya ingresado al mismo tiempo mío)... bueno, junto con los Amigos, con los que nos juntábamos muchas tardes y noches, para escuchar y “sacar” canciones de Serrat (entonces, en su época más popular) y de los Beatles, el ser integrante de la Rondalla, me regaló el inicio de algo así como una profunda Pasión (aunque en ese entonces, no entendía exactamente ni qué lo quería decir la palabra “pasión“) por la Música hecha en grupo, y al cursar el 3° año de la Preparatoria, ya teníamos, en paralelo a las actividades del Coro y Rondalla, un grupo con el que llevábamos Serenatas, con parte del mismo Repertorio, pero tocado y cantado con mucha mayor calidad y exigencia... Una noche, invitamos al Solista del Coro, Javier Díaz, un cuate (unos 5 años mayor que yo) que además estudiaba Teatro con José Luis Ibáñez, y al Director, Alfredo Ulloa, el Hombre que “nunca-se-equivoca”, a acompañarnos a alguna Serenata, y dado el extraordinario resultado, decidimos, a partir de entonces, formar una “Tuna” (una Estudiantina de Cámara, si me permiten el término) de mucha calidad, con arreglos a 3 y 4 voces, y por supuesto, arreglos para instrumentos de pulso y púa (guitarras, mandolinas, bandurrias y laúdes) así como para acordeón y contrabajo… (en algún momento de la vida del Grupo, llegué a tocar todos estos instrumentos, por supuesto, no en la misma canción)... el momento cumbre de la Tuna Barroca de la Ciudad de México (y si el nombre les parece petulante y rimbombante, créanme, no es nada comparado con la personalidad de los dos Integrantes principales, el Solista y el Director), fue una Presentación que tuvimos para un festival escolar, pero en el Palacio de Bellas Artes, allá por el año del Señor de 1974 (… y sí, ya la construcción de Bellas Artes había terminado completamente, y el Palacio había sido inaugurado).

El año anterior al mencionado, tuve mi primer Encuentro casi-cercano, un tanto del Tercer Tipo (algunos podrían llamarlo Karma) con el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras: mi primo Daniel Rodríguez, a quien tanto le debo en el terreno de mi gusto musical (algunos de ustedes lo conocieron en un ensayo en el Auditorio del Hospital Ángeles, cuando fueron dos de los Exalumnos fundadores del Coro de Filosofía: el que se veía más joven, ése es Daniel), que recién había grabado un disco con el Coro de Filosofía y con el pianista de Jazz Juan José Calatayud (“Porgy and Bess” de George Gershwin) me regaló un cassette (el equivalente en mis épocas, y precursor, de los Walkman y de los IPods) con música Vocal chilena, con un Grupo llamado Los Cuatro Cuartos. El cassette fue una bendición… qué digo, fue UNA REVELACIÓN: yo no sabía que se podía cantar así! Al escucharlo, supe, sin lugar a dudas, en qué tipo de Grupo quería cantar… pero por otra parte, ese Cassette me impuso una suerte de maldición, puesto que dejé de escuchar la Música que mi generación oía, para dedicarme a buscar, todo el tiempo, y por todos los medios disponibles (acuérdense, que aun cuando ya había teléfonos y televisión, les estoy hablando de la Época antes de la Computadora y Pre-Internet!), Música Vocal principalmente Latinoamericana… y estoy registrado (para quien dude de mi calidad de “ñoño”) como uno de los primeros Usuarios de la Fonoteca de Radio UNAM, que se inauguró por ese entonces en las calles de Adolfo Prieto, en la colonia del Valle.

jueves, 15 de marzo de 2007

2. Mis dos primeros amores: la Guitarra y el Piano.


Había también en la casa, de hecho colocada junto al Piano, una Guitarra valenciana (no se estilaba entonces decir “acústica”, porque creo que las eléctricas ni existían), no muy maltratada, que mi Papá había comprado en alguna oportunidad, y yo tenía contacto autorizado con la guitarra cada sábado que nos tocaba sacudir el polvo de la Sala y su contenido... y siempre aprovechaba para tocar dos o tres cuerdas, así, al aire (ignoraba que la mano izquierda tuviera que hacer algún esfuerzo coordinado de apretar las cuerdas tocadas) y para preguntarme cómo era que hacían los guitarristas, para sacarle algún otro sonido...

Llegué por fin al 4° año de Primaria, a la edad en que habitualmente llega uno a ese grado (no hice especialización en ningún año de primaria o secundaria), y en dicho año, mi hermana (la que me antecede, no la mayor, ni la de enmedio, no se hagan bolas) tuvo un pretendiente (así se estilaba entonces) que tocaba y cantaba en una Estudiantina, y para ganar, en un único y gracioso movimiento, el corazón de mi hermana y el beneplácito de mi Madre simultáneamente, se ofreció a enseñarle a tocar la guitarra (a mi hermana, no a mi Madre... igual y ése fue su error); mi Madre, que desconfiaba de cualquier ganapán con instrumento musical o sin él, aceptó que el candidato a “Maestro-de-Guitarra” fuera dos veces por semana, pero bajo la condición inapelable que tenía que haber “chaperón” a la hora de la visita-clase...(me imagino que ninguno de ustedes había escuchado el término antes, a menos que hayan leído a Madame Calderón de la Barca)... El “chaperón” (y que algún compañero de Letras Hispánicas nos explique de dónde viene la palabra) tenía que ejercer funciones de “dama de compañía” para asegurarse de la nobleza de intenciones de los tales pretendientes, y evitar que algún mal pensamiento les invitase a pasarse de listos... y, bueno, se me asignó la función de “chaperonear”, teniendo yo que estar presente a la hora de la Clase de Guitarra... y sin ser yo el alumno (de hecho, ni siquiera hubiera pasado por Oyente), a los 6 meses tocaba yo la Guitarra (por cierto, mi hermana, no...) pero me daba pena cantar, por lo que por una parte fui perfeccionando mi oficio de guitarrista autodidacta, tratando de tocar acompañamientos y melodías al mismo tiempo, y por otra, persiguiendo a mi Madre, desde que yo llegaba de la escuela, para pedirle por favor que me cantara tal o cual canción, y así poderla ir yo “sacando” en la guitarra... y cargaba yo con la guitarra para todos lados a donde iba... Con este método, escuchando canciones, “sacándolas de oído”, y tocando y ensayando en TODOS mis tiempos libres (excepto en los que leía), para 6° año de Primaria, no sólo podía yo decir que tocaba la guitarra más allá del promedio, sino que podía tocar canciones que nadie me había enseñado, buscando y construyendo las armonías para poderlas tocar, en cualquier tonalidad... (y por supuesto, a los ojos de la sociedad escolar que me rodeaba, era, en secreto, calificado como “ñoño”, ya que el término "nerd" era considerado anglicismo y casi nadie sabía su significado).

Al entrar a la Secundaria, un día invité a un amigo a comer a mi casa, y este hombre, Alberto Pedrosa (bueno, en ese entonces era un muchachito, igual que yo), me había platicado que en su casa no había piano, sino que tenían un órgano con teclado y botones (algo que había estado de moda en algunos hogares clasemedieros de los años 60´s) y él no sabía música... pero, al llegar a mi casa, se encantó con nuestro Piano, el que teníamos en mi casa... ¡y se puso a tocarlo!! ¡sin saber! Yo me moría de vergüenza por una parte ("..cómo era posible, que yo, que sí tenía el piano en mi casa, no lo tocara") y de envidia por otra ("..cómo era posible que este cretino, que no tenía piano en su casa, pudiera tocar el que había en la mía")... En fin, entre esos dos sentimientos encontrados, prevaleció uno nuevo: el Orgullo... y decidí que, si él podía tocar el piano, yo podría hacerlo mucho mejor... y a partir de ese día, comencé a “trasladar” las armonías que ya conocía en la guitarra, al Piano, para distribuirlas entre las dos manos, y poder medio acompañar con la mano izquierda, la melodía que la derecha iba tocando (cabe mencionar que tuve una etapa, más bien larga, en la que, sin ser yo fanático religioso, tocaba tal y como lo ordena la Biblia: mi mano izquierda no sabía nada de lo que hacía la derecha, y parecía no importarle...)


Debo aquí dar un reconocimiento a uno de mis cuñados: el Piano de mi casa se encontraba, como es lógico, en la Sala, y por algún extraño Destino, cuando él tenía tiempo para hacerle la visita a mi hermana, coincidía con el rato que dedicaba yo a estimular mi creatividad musical, con el entusiasmo de quien empieza a descubrir las posibilidades del sonido en un instrumento tan complejo como el Piano. Mi método era el siguiente: ponía yo un radio de pilas encima del piano, buscaba una estación en la que estuvieran transmitiendo alguna canción que me interesara “sacar”, y al mismo tiempo que la canción sonaba, aporreaba el teclado, atinándole más o menos a las notas... cuando la pieza terminaba, inmediatamente cambiaba de estación para buscar otra canción de mi agrado (en ese entonces, en la Radio, sólo transmitían estaciones en la banda de Amplitud Modulada); mi cuñado, en silencio, escuchaba y sé que admiraba resignado mi incipiente talento... y como sus visitas eran cada vez más breves (el pobre no estaba acostumbrado a vivir la Música en tal cercanía), creo que trataba de apresurar los planes de su futura boda con mi hermana, con tal de reducir las dosis de creatividad musical a las que, por fuerza, estaba sometido a presenciar...


En 3° de Secundaria, ya había conseguido mi objetivo (no, no era que mi hermana se casara prematuramente): tocaba el Piano mejor que mi amigo, a quien además, le había comenzado a enseñar algo de lo que yo sabía de Guitarra... Participamos por ese entonces, en un concurso de Música Moderna (fuimos descalificados por un jurado, a todas luces ignorante, que nos tachó de falta de calidad musical, y creo que también de faltas a la moral)... y decidimos que ni las guitarras eléctricas ni la música con letras en inglés (que por supuesto, no entendíamos) eran lo nuestro. Otro amigo, Arturo Vilchis, nos llevó una tarde un disco (por aquellos tiempos, eran acetatos, ¿los han visto?¿...en algún museo?) de la Estudiantina de la Universidad de Guanajuato, una de las mejores, no sólo en su género, sino como intérpretes de Música Mexicana, y al estar escuchando el disco, recuerdo que nos preguntó, así como a quemarropa: “- ¿escucharon qué bonita es la Segunda Voz? -” ...Yo me quedé mudo (además de lo sordo que evidentemente ya estaba, puesto que solamente escuchaba una sola voz), y cuando recuperé el habla, le pregunté, un poco retándole, un mucho sorprendido: “- ¿cuál segunda voz? Todos los que ahí están cantando, hacen una sola voz -” “-no, no, pero no seas duro del cerebro... si se distingue clarísimo, además! -” ...Entre el coraje que me entró, por mi “sordera” y un poco más, por lo condescendiente que mi amigo estaba siendo conmigo, y la vergüenza de no escuchar realmente algo que parecía que estaba ahí, descaradamente para quien quisiera oírlo (es un hecho por todos conocido que la vida de los “ñoños” está marcada por una sucesión de momentos de vergüenza, hasta que en uno de ellos, se decide salir del closet de la “ñoñería“), pude nuevamente sacar el orgullo de aterrizar la decisión, costara lo que costara, de escuchar las 2 voces, o más, si es que las había… y que si mi amigo podía escuchar y distinguir 2 voces, yo podría escuchar y distinguir tres o cuatro, o las que hubiera …

1. ...empecemos...


Hace unos días, les pedí a los integrantes del Coro de la Facultad de Filosofía y Letras, en mi papel de Director, que, a manera de "Tarea", me escribieran en la página de internet del Coro, el cómo cada uno había llegado al Coro, y el porqué cantaba en este Coro, precisamente... Las respuestas, afortunadamente, no se hicieron esperar, y noté, con agrado, que lo que escribieron los primeros que contestaron, sirvió un poco de modelo para la respuesta de los segundos... Y la mayoría, comenzó a contar una Historia, su muy personal Historia, que a fin de cuentas, los llevaría a fundir su narración con la Historia de los demás, y al final del día, con mi propia Historia...

Desde hace tiempo, he considerado que quien dirige un Coro, debe verse a sí mismo como un integrante más del Coro, un Coralista más, con ciertas características (responsabilidades y atribuciones) especiales... así que, como los demás, me propuse yo también hacer la "Tarea" solicitada. Dirigida en principio a mis Coralistas, al ir escribiendo, me encontré con que la revisión (en momentos muy divertida) de mi propia Historia Musical, era la revisión de una Historia Colectiva, mucho más amplia que mi horizonte personal...Y es que, conforme escribía, iban apareciendo nombres y más nombres, y que muchos se repetían...y a continuación de cada nombre, como si se tratara de un apodo inseparable, notaba en mí una agradecida y larga sonrisa interna, o un imperceptible y corto fruncir de cejas, seguida ésta de otra sonrisa interna... y es que, en corta conclusión, lo más entrañable y valioso que he obtenido de la Pasión que tengo por hacer Música, han sido y son mis Amigos. Por más que hubiera querido apropiarme de esta Historia, en muchos momentos es la Historia compartida de ellos, y de su Música, y del cómo generamos unos en otros, las 2 adicciones que nos marcaron indeleblemente: Cantar y la Amistad, y casi siempre, una de la mano de la otra...

Así que, al ir apareciendo nombres, que al Coro de Filosofía y Letras les podrán parecer llanos y aburridos como etiquetas mal impresas en la estantería de algún Museo poco visitado, es seguro que a los dueños de esos nombres, la historia que estoy contando no sólo les diga algo más íntimo, sino que, muy probablemente, tendrán su propio punto de vista de los acontecimientos narrados, ya que los vivimos en común...punto de vista que me encantaría me fuera ampliamente compartido... y de aquí, la decisión de abrir este espacio, en donde, iré anotando esta historia musical, que en principio pensé que era mía, para ir leyendo y re-escribiendo, en común...

Y la narración comienza como les mencioné al principio, como una "carta-tarea", escrita para mis Coralistas....

...empecemos...

Enrique Galindo Leal al Coro de la Facultad de Filosofía y Letras, U.N.A.M.

...Y sí, yo también voy a entregarles mi tarea… No sé para cuándo pueda terminarla (habría que definir una fecha límite), pero sé que la comienzo a escribir hoy, domingo 11 de Marzo, después de haber recibido las tareas de Margarita, Iñaki, Abraham G., Arabela, Eunice, Mirna, Rocío, Natali, Sol, y Augusto César… y ciertamente, inspirado por lo que todos ellos escribieron. Mirna me comenta que los momentos de reflexión, antes de escribir lo que cada uno siente, nos ayuda para redescubrir la importancia que tiene el invertir dos, cuatro, o seis horas en una actividad que verdaderamente nos apasiona… y, en efecto, a mí, estas primeras “tareas” recibidas me han colocado en una revaloración de lo que estoy haciendo aquí, con ustedes, y puedo re-dirigirme (y re-dirigirlos), a los objetivos que desde un principio nos propusimos, de un modo mejor, y más amable...

...y me propongo hacerles un poco de Historia, para compartirles, a los que tengan la paciencia de leerme, de dónde vengo musicalmente... Cuando conozcan a una persona, cualquiera, que esté en la posición de ser Figura de Autoridad o como Maestro, no se queden en la cáscara de la función que dicha persona nos presenta: busquen siempre al Hombre detrás del Maestro, del Filósofo, del Actor, del Pedagogo, etc.… en mi caso, traten de ver al Hombre detrás del Músico y del Médico (que por otra parte, puedo ser muy transparente, ¿no?)...

Sé que, sencillamente por la diferencia de edades, les puede aterrar que lo que escriba en mi Historia pueda caber en un espacio superior a las veinticinco cuartillas o los remonte a la Etapa Prehispánica (o algo anterior incluso ) resultando esta tarea tan larga como las Cuaresmas de antes… bien, no soy tan viejo, y voy al grano...

En mi casa, la que cantaba era mi Madre... y tengo la idea de que cantaba todo el día, mientras hacía el quehacer de la casa, pero particularmente los sábados, que era cuando los Hijos, que por fuerza teníamos que colaborar en dicho quehacer, la escuchábamos... además, teníamos la fortuna de tener un piano en casa: esto era porque mi hermana mayor (sólo me lleva once años) estudiaba en la Escuela Nacional de Música la carrera de Pianista... (por cierto, en un programa antiguo que encontré, del Coro de la Nacional de Música, está el nombre de mi hermana junto al de Milla Domínguez, quien años más tarde fundara el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras, ¡qué cosas!)... pues bien, mi hermana, al hacerse novia de quien ahora es mi cuñado, dejó el piano por completo… y actualmente, no toca una nota... cosa que no desanimó a la hermana que me antecede, quien siguiendo los pasos de la mayor, también se inscribió en la Nacional de Música, pero sólo duró ahí 3 años... ya que también dejó el Piano, cuando me escuchó tocar mi propia versión de “Para Elisa”, que tocaba yo “de oído”, cuando ella llevaba practicando la pieza para sus clases, unos ocho meses... además de dejar la escuela, y acusarme con mis papás, me retiró el habla un tiempo equivalente al que llevaba ensayando... y por primera vez, viví en carne propia, el equivalente, en dosis pediátrica, de la tragedia de la soledad del genio incomprendido.

Pero también pensé entonces que había llegado mi turno, después de dos hermanas que habían estudiado Piano (mi hermana, la de en medio, fue más inteligente: nunca quiso exponerse a la humillación pública o de dar un Concierto o de dejar sin concluir, algo que había empezado, por lo que nunca quiso estudiar Piano ni ningún otro instrumento musical)... pero cuando expresé mi deseo de estudiar Piano y sugerí la posibilidad de seguir los pasos de mis hermanas, creo que me faltó sentido de la oportunidad: mis padres estaban suficientemente desanimados como para seguirse soplando las tardes entre semana, llevando hijos a San Cosme, y esperando en el coche a que salieran para regresar a casa, y ayudarlos con las tareas, así que... se me negó la posibilidad, y en ese momento, se perdió una brillante carrera de Pianista para la posteridad...