Para finales de 3° de Secundaria, entre los 13 y 14 años de edad, nos juntábamos 3 o cuatro amigos a tocar la guitarra y, por fin, empezamos a animarnos a cantar... Música de Serenata, (ojo: no boleros!), canciones de los Beatles, y de un joven cantante español, con cosas medio extrañas, que tenía un par de canciones no muy pegajosas, pero que nos gustaban: Joan Manuel Serrat... A las serenatas, nos llevaba en su coche, la hermana mayor (¡oh, piel dulce de 19 años!) de uno de estos amigos, de quien estábamos TODOS enamorados platónicamente, en un secreto a voces (de la hermana, no del amigo...). Éramos un grupo inocente, ninguno de nosotros bebía, y sólo dos de los amigos (y la hermana) fumaban, con mucha discreción, sin que los papás de las casas donde nos reuníamos lo supieran…. La mayor parte de nuestro repertorio, la cantábamos a una sola voz, pero con ya con arreglos para 2 y tres guitarras.
En 1° de Preparatoria, llegó la oportunidad de ingresar al Coro y Rondalla del Centro Universitario México, que para nuestro nivel, no sólo tenía cierto prestigio: era sencillamente, LA RONDALLA...! y por supuesto, todos hicimos nuestra audición: a la fecha aún recuerdo, la emoción (que, como el miedo, me entró también por el vientre) que sentí la primera vez que cantamos en el Auditorio , unos 50 chavos de Preparatoria, a 2 voces, para audicionar como Coralistas: todos los amigos entramos, por supuesto... La audición para Guitarrista fue más difícil, puesto que uno de los 2 Directores de la Rondalla (de quien ya les he compartido alguna anécdota, el famoso Hombre que “nunca-se-equivoca”) era quien decidía quien entraba y era sumamente exigente (y esto es realmente un eufemismo...), y bien, no sólo no tuve problema para entrar como Guitarrista, sino que fui llamado por este personaje, que además, era el Director de la Estudiantina del Instituto Miguel Angel, a grabar, junto con Jorge Ruiz y Rodolfo Sánchez-Armas, como Guitarristas Invitados, el primer disco de la Estudiantina! (y por supuesto, el primero en el que yo intervenía!). Este Director, Alfredo Ulloa, de carrera Médico Cirujano, y notable Pianista, me dejó honda huella en cuanto a la sensibilidad de la interpretación de la Música, al enseñarme (bueno, a dejar que yo aprendiera suena más exacto) a compaginar arreglo, melodía y letra para impactar sensiblemente al Público que nos escuchaba (así como a los coralistas que estábamos interpretando la canción), y tengo la esperanza que lo conozcan próximamente: se comprometió a acompañarnos en alguna futura presentación del Coro de Filosofía, la canción “Felicidad”, como Pianista, ya que mi arreglo está basado enteramente en el que él montó con el Coro y Rondalla (allá por 1972)….
De lo mejor que el Coro y Rondalla, en el que participé mis 3 años de Preparatoria, me ofreció, fueron algunos de los mejores amigos que he tenido (y sigo teniendo) en la Vida... entre ellos, mi propio Hermano, Carlos, a quien ustedes ya conocen, que entró a la Agrupación dos años después (...es dos años más chico que yo, por lo que es lógico que no haya ingresado al mismo tiempo mío)... bueno, junto con los Amigos, con los que nos juntábamos muchas tardes y noches, para escuchar y “sacar” canciones de Serrat (entonces, en su época más popular) y de los Beatles, el ser integrante de la Rondalla, me regaló el inicio de algo así como una profunda Pasión (aunque en ese entonces, no entendía exactamente ni qué lo quería decir la palabra “pasión“) por la Música hecha en grupo, y al cursar el 3° año de la Preparatoria, ya teníamos, en paralelo a las actividades del Coro y Rondalla, un grupo con el que llevábamos Serenatas, con parte del mismo Repertorio, pero tocado y cantado con mucha mayor calidad y exigencia... Una noche, invitamos al Solista del Coro, Javier Díaz, un cuate (unos 5 años mayor que yo) que además estudiaba Teatro con José Luis Ibáñez, y al Director, Alfredo Ulloa, el Hombre que “nunca-se-equivoca”, a acompañarnos a alguna Serenata, y dado el extraordinario resultado, decidimos, a partir de entonces, formar una “Tuna” (una Estudiantina de Cámara, si me permiten el término) de mucha calidad, con arreglos a 3 y 4 voces, y por supuesto, arreglos para instrumentos de pulso y púa (guitarras, mandolinas, bandurrias y laúdes) así como para acordeón y contrabajo… (en algún momento de la vida del Grupo, llegué a tocar todos estos instrumentos, por supuesto, no en la misma canción)... el momento cumbre de la Tuna Barroca de la Ciudad de México (y si el nombre les parece petulante y rimbombante, créanme, no es nada comparado con la personalidad de los dos Integrantes principales, el Solista y el Director), fue una Presentación que tuvimos para un festival escolar, pero en el Palacio de Bellas Artes, allá por el año del Señor de 1974 (… y sí, ya la construcción de Bellas Artes había terminado completamente, y el Palacio había sido inaugurado).
El año anterior al mencionado, tuve mi primer Encuentro casi-cercano, un tanto del Tercer Tipo (algunos podrían llamarlo Karma) con el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras: mi primo Daniel Rodríguez, a quien tanto le debo en el terreno de mi gusto musical (algunos de ustedes lo conocieron en un ensayo en el Auditorio del Hospital Ángeles, cuando fueron dos de los Exalumnos fundadores del Coro de Filosofía: el que se veía más joven, ése es Daniel), que recién había grabado un disco con el Coro de Filosofía y con el pianista de Jazz Juan José Calatayud (“Porgy and Bess” de George Gershwin) me regaló un cassette (el equivalente en mis épocas, y precursor, de los Walkman y de los IPods) con música Vocal chilena, con un Grupo llamado Los Cuatro Cuartos. El cassette fue una bendición… qué digo, fue UNA REVELACIÓN: yo no sabía que se podía cantar así! Al escucharlo, supe, sin lugar a dudas, en qué tipo de Grupo quería cantar… pero por otra parte, ese Cassette me impuso una suerte de maldición, puesto que dejé de escuchar la Música que mi generación oía, para dedicarme a buscar, todo el tiempo, y por todos los medios disponibles (acuérdense, que aun cuando ya había teléfonos y televisión, les estoy hablando de la Época antes de la Computadora y Pre-Internet!), Música Vocal principalmente Latinoamericana… y estoy registrado (para quien dude de mi calidad de “ñoño”) como uno de los primeros Usuarios de la Fonoteca de Radio UNAM, que se inauguró por ese entonces en las calles de Adolfo Prieto, en la colonia del Valle.
viernes, 16 de marzo de 2007
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1 comentario:
Tienes tanta razón....que bueno que tuvimos ese inicio, y cómo las circunstancias nos fueron poniendo otros caminos y como es natural, cada quién eligió el camino a caminar...
Francisco Sánchez-armas Silva (Pancho)
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