martes, 20 de marzo de 2007

6. Las Voces del “Espíritu”: Opus 21 y sus inicios.

Entre el final, ciertamente triste, ciertamente enfadoso, de Voz al Viento, y la no-tan-descabellada proposición aquella de mi hermano, de formar un Coro que cantara en la Misa de los domingos, casi no hubo ningún compás de espera: de hecho, cuando el Coro comenzó a cantar en la Iglesia de Santa Mónica, en la colonia del Valle, en la Misa dominical (¿era la Misa de las once y media?), estaban integradas en él las cinco cantantes de Voz al Viento, pero tres de ellas, pronto, o bien consideraron cubierta su cuota en cuanto a rituales religiosos, o sintieron un poco demasiado difícil el cumplir con el compromiso de cantar en dos Grupos Musicales al mismo tiempo… y Sabina, Elsa y Lourdes tomaron la decisión de no continuar en el Coro de la Misa... para entonces, el Coro, aún sin nombre hasta ese momento, había alcanzado el número de 21 integrantes (por lo menos, esos fueron los que alcanzamos a contar), de diferentes, pero cercanos “orígenes musicales”: de Voz al Viento, permanecieron Marcela Galland y Vicky Domínguez, quien trajo a cantar a su prima Marifer Arancón; de la Ronda, quedamos incluídos Omar Téllez, Miguel de Erice, ambos “asociados” activos de Voz al Viento, Luis Barbabosa, con su inverosímil talismán que le servía para atraer accidentes (continuos e inverosímiles) sobre su cabeza y el resto de su anatomía, José Luis Gómez, y su envidiable timbre de voz, Noel Tello, quien invitó a su novia Olga María García, poseedora de una voz extraordinaria (pronto se convertiría en la Voz Solista del Coro), Mario Pliego, cuyo talento al piano era sólo equiparable con su personalidad, y su hermana Beatriz, egresada de la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel (y a quien le estoy sumamente agradecido por no haberse casado conmigo, y un poco más por el hecho de no cobrarme pensión, después de un noviazgo de seis años), Carlos Galindo, mi hermano, y su novia de entonces, Laura Marcela Pérez Sallycrup (¿así se escribe?), Alfonso Sánchez Saloma, ya para entonces digno de una Emperatriz, Fabián de la Paz, quien se había iniciado en la Ronda como “mascota”, ahora ya más crecidito, con una magnífica voz de tenor, y sus dos hermanas, Laura y Martha; de la Trova del Colegio Francés del Pedregal, entró a cantar con nosotros Pilar Farrés (de quien creo debe estar sumamente agradecida conmigo, por no haberme casado con ella); de la Tuna Barroca, se nos incorporó Pancho Sánchez-Armas, quien llegó con su hermano, Alejandro, siempre entusiasta; Miguel, en esa actitud generosa que desde siempre lo ha caracterizado, ya estudiando en la Universidad Panamericana, invitó a que se nos uniera en el Coro, a una compañera suya, Cecilia González-Garza (quien, estoy seguro, me habría agradecido el no haberme casado con ella: unos años después, llevó sucesivamente los títulos de Novia, Esposa, Madre de mis Hijas, y ExEsposa, en dos ocasiones, del de la Voz), quien se integró al Coro, reforzándolo junto con su alegría y sus 2 hermanas: Cristina y Adriana, siendo las tres exintegrantes de la Estudiantina del Instituto Miguel Ángel, … ah, y se me olvidaba, pero me acordé al ver una fotografía vieja: Eduardo Sánchez Cortázar, a quien, no obstante sus antecedentes personales patológicos, particularmente el de haber cantado en la Tuna de los Juglares (un grupo paralelo y equivalente a la Ronda, sólo que algo así como en el extraño mundo bizarro descrito en la revista “Supermán”, pero formado por entrañables Amigos, salidos del Coro y Rondalla del C.U.M.), le fue permitido el ingreso al nuevo Coro… Si hacemos números, verán que los nombres anotados suman más de veintiuno… pero esta discrepancia numérica, que no tiene la menor importancia, se debe a que, durante la vida artística del Coro, ni todos los mencionados lo iniciaron, ni todos permanecieron participando en él: más de un integrante, se desintegró, por así decirlo, y por otra parte, hubo valientes e imprudentes (casi siempre es imposible distinguir, de entrada, unos de otros) que solicitaron, y consiguieron ser admitidos: entre nuestras últimas adquisiciones estuvieron Othón Téllez, el hermano menor (y no del todo domesticado) de Omar (mismo apellido), y Eduardo Robles, nuevo pianista (y hoy en día, Promotor incansable, a nivel nacional, de la Educación Musical)…

(Quiero abrir aquí un paréntesis a manera de advertencia, para que no esperen detalles de las vidas sentimentales y amorosas de los Integrantes del Coro, más allá de lo que acaban de leer y pueden inferir… no planeo, por el momento, escribir una letra más al respecto, a menos, claro está, que se me hiciera una oferta (generosa) por los derechos de autor, para llevar lo escrito a la pantalla, grande o chica… bien, paréntesis abierto, y ahora cerrado).

Al poco tiempo de nuestro debut en Santa Mónica, fuimos invitados a participar en un Festival de Coros (de Misa) en la Iglesia de la Santa Cruz, en el Pedregal. Como requisito, había que registrarse con un nombre artístico, y Noel Tello, dando cumplimiento a las funciones que desempeñaba como Vocero y Administrador del Coro, lo bautizó Voces y Espíritu, demostrando una vez más que la facilidad de palabra no está reñida con la cursilería… pero, a pesar del nombre, hicimos un muy buen papel en el Festival, y creo que fue allí, donde se manifestó descaradamente en todos nosotros la inquietud de cantar, no sólo para las Misas, sino fuera de la Iglesia, con un Repertorio que nos permitiera ofrecer, algún día, un Recital . Esta inquietud venía dándonos vuelta con anterioridad, debido a las diversas invitaciones (y contrataciones) que nos eran ofrecidas y solicitadas para cantar en Bodas (así como en otras Misas en la Provincia, siempre que consideremos que Tehuixtla y Cuernavaca entran en la definición de “provincia”), ya que, en muchas de estas Contrataciones, nos solicitaban que montásemos para ciertos momentos de la celebración religiosa, canciones no litúrgicas (a las que despojábamos de la letra, para no generar en los feligreses pensamientos impropios, sin relación con lo que estaba ocurriendo en el Altar), y así llegaron a nuestro Repertorio “Un nuevo Sitio”, de la Comedia Musical “El Diluvio que Viene“, “Aquellas Pequeñas Cosas” de Joan Manuel Serrat, “Quién te Cantará” de Juan Carlos Calderón, “Tiempo de Vivir” de Georges Moustaki, así como nuestra inolvidable “En el Trino del Ave”, de Lozano, etc… y para la época de Navidad, cambiábamos la Misa de Juventud “Hossana” (compuesta para los Jesuitas por uno de los “Pianos Barrocos”, y que era la que cantábamos) por canciones navideñas del repertorio de Ray Conniff, cuyas letras habían sido adaptadas al castellano por Pancho Sánchez-Armas y su hermano Rodolfo.. Y sobra decir, que la Misa en la que cantábamos, era de las más taquilleras de la Parroquia…

Pero no todo era miel sobre hojuelas: los Padres Agustinos, quienes tenían a su cargo la Iglesia de Santa Mónica, por alguna razón que a la fecha desconozco, no veían con buenos ojos la popularidad del Coro… ni que nos aplaudieran al final de cada Misa… y su trato hacia nosotros cambió brusca y radicalmente, generándonos malestar y mucho descontento en nuestra participación allí (y como empleadas de servicio doméstico, ya “no nos hallábamos” en esa Iglesia), de modo que, cuando Noel y OlgaMaría nos contaron que un Sacerdote (a falta de recordar su nombre, dejo constancia de su apodo, el “Mandrilito”) de la Parroquia Universitaria, en el Centro Universitario Cultural, el C.U.C., les comentó que el Coro que actualmente participaba en la Misa de las once (el de los Hermanos Zavala, ni más ni menos!) dejaría de hacerlo y finalizaba su temporada en el C.U.C., y necesitaban un Coro para la Parroquia Universitaria, supimos que teníamos una nueva casa… y un nuevo nombre, ya que para ese momento, el Coro había sido rebautizado (gracias a Dios!), por Pancho, quien sugirió el nuevo nombre de Opus 21.

1 comentario:

Manolo Ramírez dijo...

Querido Enrique:

Pues sí llegué hasta acá. De verdad que no hice trampa y leí todos los capítulos precedentes al seis, ¡lo juro por la tía que más quiero! Por el momento, y sin ánimo de generarte uno de esos sentimientos pavorrealescos que podrían caracterizarte, te digo que con ansia espero las siguientes entregas de tu historia. Amén de que es muy divertida la pluma que fluye con tu cuento, me encanta saber más del amigo a quien tengo tanta admiración, respeto, pero sobre todo cariño. Con mucha esperanza deseo que mi historia musical no haya culminado con Tiempos Extra, pero de lo que sí estoy seguro es que ese grupo ha sido la experiencia musical más cercana al más alto deseo que en esa materia podría haber concebido en mente y corazón. Enrique: Un millón de gracias...Manolo