jueves, 15 de marzo de 2007

2. Mis dos primeros amores: la Guitarra y el Piano.


Había también en la casa, de hecho colocada junto al Piano, una Guitarra valenciana (no se estilaba entonces decir “acústica”, porque creo que las eléctricas ni existían), no muy maltratada, que mi Papá había comprado en alguna oportunidad, y yo tenía contacto autorizado con la guitarra cada sábado que nos tocaba sacudir el polvo de la Sala y su contenido... y siempre aprovechaba para tocar dos o tres cuerdas, así, al aire (ignoraba que la mano izquierda tuviera que hacer algún esfuerzo coordinado de apretar las cuerdas tocadas) y para preguntarme cómo era que hacían los guitarristas, para sacarle algún otro sonido...

Llegué por fin al 4° año de Primaria, a la edad en que habitualmente llega uno a ese grado (no hice especialización en ningún año de primaria o secundaria), y en dicho año, mi hermana (la que me antecede, no la mayor, ni la de enmedio, no se hagan bolas) tuvo un pretendiente (así se estilaba entonces) que tocaba y cantaba en una Estudiantina, y para ganar, en un único y gracioso movimiento, el corazón de mi hermana y el beneplácito de mi Madre simultáneamente, se ofreció a enseñarle a tocar la guitarra (a mi hermana, no a mi Madre... igual y ése fue su error); mi Madre, que desconfiaba de cualquier ganapán con instrumento musical o sin él, aceptó que el candidato a “Maestro-de-Guitarra” fuera dos veces por semana, pero bajo la condición inapelable que tenía que haber “chaperón” a la hora de la visita-clase...(me imagino que ninguno de ustedes había escuchado el término antes, a menos que hayan leído a Madame Calderón de la Barca)... El “chaperón” (y que algún compañero de Letras Hispánicas nos explique de dónde viene la palabra) tenía que ejercer funciones de “dama de compañía” para asegurarse de la nobleza de intenciones de los tales pretendientes, y evitar que algún mal pensamiento les invitase a pasarse de listos... y, bueno, se me asignó la función de “chaperonear”, teniendo yo que estar presente a la hora de la Clase de Guitarra... y sin ser yo el alumno (de hecho, ni siquiera hubiera pasado por Oyente), a los 6 meses tocaba yo la Guitarra (por cierto, mi hermana, no...) pero me daba pena cantar, por lo que por una parte fui perfeccionando mi oficio de guitarrista autodidacta, tratando de tocar acompañamientos y melodías al mismo tiempo, y por otra, persiguiendo a mi Madre, desde que yo llegaba de la escuela, para pedirle por favor que me cantara tal o cual canción, y así poderla ir yo “sacando” en la guitarra... y cargaba yo con la guitarra para todos lados a donde iba... Con este método, escuchando canciones, “sacándolas de oído”, y tocando y ensayando en TODOS mis tiempos libres (excepto en los que leía), para 6° año de Primaria, no sólo podía yo decir que tocaba la guitarra más allá del promedio, sino que podía tocar canciones que nadie me había enseñado, buscando y construyendo las armonías para poderlas tocar, en cualquier tonalidad... (y por supuesto, a los ojos de la sociedad escolar que me rodeaba, era, en secreto, calificado como “ñoño”, ya que el término "nerd" era considerado anglicismo y casi nadie sabía su significado).

Al entrar a la Secundaria, un día invité a un amigo a comer a mi casa, y este hombre, Alberto Pedrosa (bueno, en ese entonces era un muchachito, igual que yo), me había platicado que en su casa no había piano, sino que tenían un órgano con teclado y botones (algo que había estado de moda en algunos hogares clasemedieros de los años 60´s) y él no sabía música... pero, al llegar a mi casa, se encantó con nuestro Piano, el que teníamos en mi casa... ¡y se puso a tocarlo!! ¡sin saber! Yo me moría de vergüenza por una parte ("..cómo era posible, que yo, que sí tenía el piano en mi casa, no lo tocara") y de envidia por otra ("..cómo era posible que este cretino, que no tenía piano en su casa, pudiera tocar el que había en la mía")... En fin, entre esos dos sentimientos encontrados, prevaleció uno nuevo: el Orgullo... y decidí que, si él podía tocar el piano, yo podría hacerlo mucho mejor... y a partir de ese día, comencé a “trasladar” las armonías que ya conocía en la guitarra, al Piano, para distribuirlas entre las dos manos, y poder medio acompañar con la mano izquierda, la melodía que la derecha iba tocando (cabe mencionar que tuve una etapa, más bien larga, en la que, sin ser yo fanático religioso, tocaba tal y como lo ordena la Biblia: mi mano izquierda no sabía nada de lo que hacía la derecha, y parecía no importarle...)


Debo aquí dar un reconocimiento a uno de mis cuñados: el Piano de mi casa se encontraba, como es lógico, en la Sala, y por algún extraño Destino, cuando él tenía tiempo para hacerle la visita a mi hermana, coincidía con el rato que dedicaba yo a estimular mi creatividad musical, con el entusiasmo de quien empieza a descubrir las posibilidades del sonido en un instrumento tan complejo como el Piano. Mi método era el siguiente: ponía yo un radio de pilas encima del piano, buscaba una estación en la que estuvieran transmitiendo alguna canción que me interesara “sacar”, y al mismo tiempo que la canción sonaba, aporreaba el teclado, atinándole más o menos a las notas... cuando la pieza terminaba, inmediatamente cambiaba de estación para buscar otra canción de mi agrado (en ese entonces, en la Radio, sólo transmitían estaciones en la banda de Amplitud Modulada); mi cuñado, en silencio, escuchaba y sé que admiraba resignado mi incipiente talento... y como sus visitas eran cada vez más breves (el pobre no estaba acostumbrado a vivir la Música en tal cercanía), creo que trataba de apresurar los planes de su futura boda con mi hermana, con tal de reducir las dosis de creatividad musical a las que, por fuerza, estaba sometido a presenciar...


En 3° de Secundaria, ya había conseguido mi objetivo (no, no era que mi hermana se casara prematuramente): tocaba el Piano mejor que mi amigo, a quien además, le había comenzado a enseñar algo de lo que yo sabía de Guitarra... Participamos por ese entonces, en un concurso de Música Moderna (fuimos descalificados por un jurado, a todas luces ignorante, que nos tachó de falta de calidad musical, y creo que también de faltas a la moral)... y decidimos que ni las guitarras eléctricas ni la música con letras en inglés (que por supuesto, no entendíamos) eran lo nuestro. Otro amigo, Arturo Vilchis, nos llevó una tarde un disco (por aquellos tiempos, eran acetatos, ¿los han visto?¿...en algún museo?) de la Estudiantina de la Universidad de Guanajuato, una de las mejores, no sólo en su género, sino como intérpretes de Música Mexicana, y al estar escuchando el disco, recuerdo que nos preguntó, así como a quemarropa: “- ¿escucharon qué bonita es la Segunda Voz? -” ...Yo me quedé mudo (además de lo sordo que evidentemente ya estaba, puesto que solamente escuchaba una sola voz), y cuando recuperé el habla, le pregunté, un poco retándole, un mucho sorprendido: “- ¿cuál segunda voz? Todos los que ahí están cantando, hacen una sola voz -” “-no, no, pero no seas duro del cerebro... si se distingue clarísimo, además! -” ...Entre el coraje que me entró, por mi “sordera” y un poco más, por lo condescendiente que mi amigo estaba siendo conmigo, y la vergüenza de no escuchar realmente algo que parecía que estaba ahí, descaradamente para quien quisiera oírlo (es un hecho por todos conocido que la vida de los “ñoños” está marcada por una sucesión de momentos de vergüenza, hasta que en uno de ellos, se decide salir del closet de la “ñoñería“), pude nuevamente sacar el orgullo de aterrizar la decisión, costara lo que costara, de escuchar las 2 voces, o más, si es que las había… y que si mi amigo podía escuchar y distinguir 2 voces, yo podría escuchar y distinguir tres o cuatro, o las que hubiera …

3 comentarios:

Francisco Sánchez-Armas Silva dijo...

Enrique...Mil Gracias, me doy cuenta que no era yo el único chaperón, somos de la misma generación del "chaperoneo"..¿dónde habrán estudiado nuestros Papás?

En casa no hubo piano, pero si guitarra, mandolina y banjo...

Y Jorge Ruíz ¿cuándo aparece?

Francisco Sánchez-Armas Silva (Pancho)

Unknown dijo...

No lo he leido completo aunque intento hacerlo hoy mismo, se te olvido que el piano estaba en la casa porque era mio, regalo de mis papas pues supuestamente iba a ser una concertista, carrera frustrada a cambio de un matriomonio y varios hijos.
Piano que despues heredaste y que salio y entro de varias casa por diferentes razones, bueno la verdad esa seria la historia del piano.
tu hermana que te quiere mucho,
Graciela.

Unknown dijo...

Es increible como escribes tu historia, quienes la conocimos sabemos quien eres en realidad y a quienes le debes lo que sabes. Pero a quienes tanto criticas es a quienes más envidiabas, sobre todo tener su talento y de paso sus novias